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Crear con intención: mi experiencia en un taller de sahumerios en Naranjito

hace 3 días
5 min de lectura

Una pausa entre flores, aromas y creatividad para volver a disfrutar de ser alumna en Bija, con Betty Cristina.


Laura Kryshtar sonríe mientras sostiene el sahumerio floral con rosas rojas y hojas que creó en el taller de Bija, en Naranjito, Puerto Rico.
Mi sahumerio terminado: flores, una intención escrita y la alegría de haberme regalado este rato para crear en Bija. Foto: Laura Kryshtar

Casi siempre soy yo quien imparte el taller, prepara los materiales y está pendiente de que las demás personas disfruten. Esta vez, me tocó ser alumna. Después de una semana ocupadísima, me hice un regalito: ir al taller de sahumerios florales de Bija, con Betty Cristina, en las montañas de Naranjito. Hacía tiempo que quería dedicarme un espacio para aprender algo creativo, conectar conmigo y disfrutar sin tener que dirigir la actividad. Quería sentarme, hacer preguntas, tocar las plantas y dejarme sorprender. Y eso fue exactamente lo que encontré.


El camino también fue parte del regalo

Salí de Guaynabo y decidí tomarme el trayecto como un paseo. A mí no me encanta guiar, pero cruzar el puente atirantado y empezar a subir hacia la montaña me fue sacando del ritmo de la semana. Entre áreas boscosas y vistas preciosas, llegué al vivero, donde hacía fresco y Betty me recibió con la alegría de reencontrarnos después de tanto tiempo. La conocí cuando cursaba su maestría en arquitectura paisajista: fui parte del jurado de una presentación en la Universidad Politécnica de Puerto Rico y todavía recuerdo su proyecto. Verla ahora compartiendo su conocimiento, rodeada de su trabajo y de sus plantas, hizo que el encuentro tuviera un significado especial para mí.

Vista del puente atirantado de Naranjito, Puerto Rico, con sus torres de hormigón y cables bajo un cielo azul.
Cruzar el puente atirantado fue parte del paseo hacia Bija. Ese día decidí disfrutar también el camino. Foto: Laura Kryshtar

Una mesa que invitaba a crear

Había flores, hojas, pétalos y plantas sobre las bandejas, y de unas estructuras sobre las mesas colgaban otras plantas para secarse. Alrededor estaban el vivero, las ilustraciones de Betty y las piezas de cerámica que también crea. Todo invitaba a mirar de cerca: las texturas de las hojas, los colores de las flores y los aromas que aparecían al mover los materiales. Hasta la brisa se sentía parte de la actividad. Se notaba que había preparado el espacio con mucho gusto y con la intención de que pudiéramos disfrutarlo desde que nos sentáramos.


Betty nos contó cómo comenzó a hacer sahumerios hace unos ocho años y cómo ha ido desarrollando sus diseños. Me encantó su manera de combinar plantas y flores hasta darles una forma que recuerda una antorcha y, a la vez, un arreglo floral. Nos enseñó a acomodar los materiales y a atarlos paso a paso, con tiempo para preguntar, probar y recibir ayuda. La actividad fluía con orden, sin que se sintiera prisa, y eso ayudaba a que una pudiera concentrarse en lo que estaba creando.

  • El espacio que Betty preparó para recibirnos: plantas alrededor, flores sobre las mesas y cada detal
  • Flores, hojas, pétalos e hilo: los materiales que nos esperaban para crear nuestros sahumerios.
  • Un detalle de la mesa que invitaba a explorar colores, aromas y texturas antes de empezar a crear.

Así nos esperaba la mesa en Bija: flores, plantas y materiales preparados con mucho cuidado para aprender y crear entre aromas, colores y texturas. Fotos: Laura Kryshtar.


Del oráculo a una intención escrita

Uno de los detalles que más disfruté fue la carta de oráculo que recibimos, acompañada de una hoja con preguntas para explorar qué queríamos para nosotras en ese momento. La palabra que escogí de mi carta fue «extraordinaria», y entre mis respuestas escribí algo que necesitaba recordarme: disfrutar, jugar y crear con alegría. Aquello le dio un sentido muy personal a lo que estaba haciendo. Mientras escogía flores y acomodaba hojas, también me estaba dedicando un rato para escucharme y reconocer lo que necesitaba.


Escribimos nuestra intención en un cintillo que después envolvía el sahumerio. Me gustó mucho ese gesto: llevarme a casa algo hecho por mis manos, acompañado de un recordatorio elegido por mí. Betty también preparó unas instrucciones ilustradas por ella misma, hermosas y claras, para que pudiéramos recordar el proceso en casa, y una tarjeta con un decreto para acompañar el momento de sahumar. Cada elemento tenía su propósito y ayudaba a conservar algo de la experiencia más allá de aquella mañana.

  • De la carta al papel: un momento para escucharme y escribir qué quería para mí y cómo podía empezar
  • «Disfrutar, jugar y crear con alegría»: el pequeño paso que elegí para acompañar mi intención.
  • Instrucciones de Betty Cristina, oráculo e intención: detalles para acompañar la creación.

Una carta, unas preguntas y un momento para escucharme: así fui poniendo mi intención en palabras. Fotos: Laura Kryshtar. Instrucciones ilustradas por Betty Cristina.


Darme permiso para crear sin resolverlo todo

Yo decidí que, por una vez, no iba a empezar pensando en diseñar el resultado. Fui acomodando flores, hojas y pétalos según me iba naciendo, concentrándome en la brisa, en los aromas y en las mujeres que tenía cerca. Compartimos dudas, nos ayudamos y disfrutamos de ver cómo cada sahumerio iba tomando una forma distinta. La dulzura de Betty y su claridad para explicar hacían fácil preguntar y sentirse acompañada mientras una aprendía. Estoy acostumbrada a preparar actividades y estar pendiente de los detalles; ese día pude recibir todo eso de otra persona, y me sentó muy bien.


Mi sahumerio quedó precioso, y también me gustó lo que pasó mientras lo hacía: estuve presente, entretenida y tranquila, sin sentir que tenía que convertir ese rato en otra tarea. Había ido para regalarme una experiencia y pude disfrutarla desde ese lugar. Entre el trabajo y los compromisos, hacía tiempo que no me separaba un espacio para jugar con materiales, seguir mi intuición y crear por puro gusto.

  • Mi sahumerio terminado, con flores elegidas por intuición y una intención para llevarme a casa..
  • Así quedó mi bandeja: el sahumerio terminado, mi intención escrita y los detalles de una mañana para

El sahumerio terminado y la bandeja después de crear: flores, intenciones y recuerdos para llevarme a casa. Fotos: Laura Kryshtar.

El trabajo terminado, la mesa y mi cara de felicidad: así cerré esta experiencia en Bija. Video: Laura Kryshtar.

El poleo y la historia de su abuelo

Después recorrimos parte del vivero. Betty nos llevó a conocer árboles frutales y nos enseñó el poleo de su abuelo, con el que comenzó su historia de sahumerios hace unos ocho años. Escucharla hablar de esa planta, que todavía sigue dando tallitos, hojas y aromas, añadió una dimensión íntima al encuentro. Pudimos conocerla un poco más como persona, artista e instructora, y entender de dónde nace parte de su trabajo. Ese vínculo con su historia familiar hizo que la visita se sintiera todavía más cercana.

Betty Cristina de Bija nos comparte la historia del poleo de su abuelo con el que comenzó a crear sus sahumerios.

Terminamos con la foto de grupo y con nuestros sahumerios listos para llevarnos. De regreso, las vistas alcanzaban la costa y el área metropolitana. Hasta ese último paisaje fue parte del paseo: había salido de Guaynabo para tomar un taller y regresaba contenta de haberme dedicado aquel tiempo.

Grupo del taller de sahumerios de Bija posa con sus creaciones florales, rodeado de vegetación en el vivero de Naranjito, Puerto Rico.
Cerramos la mañana entre plantas, sonrisas y sahumerios hechos por nuestras manos. Foto cortesía de Betty Cristina.

Lo que me llevé a casa

Me llevé mi sahumerio, las ilustraciones y las tarjetas, junto con algo que necesitaba hacía tiempo: sentir que había descansado el alma. Gracias, Betty Cristina, por compartir tu conocimiento con tanta dulzura y por preparar una experiencia tan cuidada en Bija. Me encantaría volver a aprender contigo. Si te dio curiosidad conocer su trabajo, puedes explorar sus creaciones en la página de Bija. A veces hace falta separar unas horas para hacer algo que nos gusta, sin exigirle un resultado más allá del disfrute, y este taller me lo recordó de una manera muy bonita.


¿Qué te gustaría aprender por puro gusto? ¿Qué actividad creativa llevas tiempo queriendo regalarte? Cuéntamelo en los comentarios.

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